Podría hacer sangre (mucha) sobre L. Aragonés. Y más ahora que también han dimitido Klinsmann y Lippi. Un triunfador y el gran triunfador.
Sin embargo, como en su momento ya dije lo que pensaba sobre la continuidad de L. Aragonés sin necesidad de compararlo con nadie (creo que puse el caso de Pekerman), ahora me planteo el tema desde otro punto de vista.
Ambos dimiten por motivos particulares, ya sean estrictamente personales (Klinsmann) o por agotamiento profesional (Lippi). Ahora bien, ¿cuánto hay de miedo a no poder repetir los éxitos, a no estar a la altura de las expectativas, al fracaso en fin?¿Hasta qué punto se les podría y se les debería exigir que continuasen en el cargo al menos hasta la próxima Eurocopa, para que terminase lo que ha empezado el uno y para que demuestre que no ha sido casualidad?
Yo no soy de los que opinan que los entrenadores deben quedarse hasta que los echen. Más bien al contrario, pienso que deben cumplir ciclos de 3 ó 4 años como mucho y después marcharse. La gente (aficionados, directivos, jugadores, prensa) se cansa de ver siempre las mismas caras. Pero tanto Klinsmann como Lippi se marchan en una posición ventajista, dejándole al que le sustituya un gran papelón, sin haber cubierto ningún ciclo.
Podría entenderlo de Klinsmann, por eso de la mentalidad alemana de que ha fracasado por no haber ganado el mundial en su casa, pero nunca por motivos personales. De Lippi sólo le veo desgaste y posibilidad de dejarlo en lo más alto después de haber sido tan cuestionado, en plan 'ahí queda eso, listillos, a ver quién lo supera'.
El caso es que el único que tenía que haber dimitido no lo ha hecho...
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