Fantástico 6-0 de Argentina a Serbia-Montenegro, esa selección a la que nosotros no pudimos ganar y nos envió a la repesca.
Sólo pude ver 60 minutos, suficiente para darme cuenta de que los argentinos manejaron el partido a su antojo. Si acaso me hubiera gustado un poco más de constancia en su juego, pero lo que demostraron es que son unos maestros en el fútbol de dos velocidades.
Cuando el balón está en su campo todo pasa más lento. El equipo contrario no sabe por dónde entrarles. Si cuelgan balones al área, nada. Si prueban con paredes por el centro, nada de nada. Si tratan de hacer circular la pelota siempre hay un argentino dispuesto a hacerles una falta y cortarles el ritmo.
Y cuando tienen ellos el balón ni te cuento. Vamos, vamos, levantad los pies del suelo... y de repente tres zarpazos. Ah, pero, ¿los jugadores argentinos son rápidos? Sí, lo son, pero sólo cuando es estrictamente necesario. Salvo Riquelme, me temo. Ese tiene la velocidad en la cabeza. Tengo ganas de verlos con el marcador en contra y los minutos pasando hacia su eliminación. ¿Cambiarán su estilo?
Lástima, no pude ver el Holanda-Costa de Marfil, el mejor partido ofensivo del Mundial, dicen los periódicos. Por cierto, cuando acabe el mundial desarrollaré aquí una idea que ronda mi cabeza hace tiempo: El arbitraje con apoyo técnico activo. No puede ser que un equipo se quede fuera de un campeonato por culpa de un mal arbitraje. O como dice Relaño en AS, por culpa de un arbitraje interesado por FIFA (Aunque esta teoría nos beneficia: La FIFA nos debe unas semifinales y lo saben).
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